Filosofía Claretiana

Documento Testigos-Mensajeros de la Alegría del Evangelio

 

XXV Capitulo General

¡Somos misioneros! La Misión pertenece a nuestra identidad más profunda. Hemos recibido del Espíritu un carisma que nos configura con Jesús y nos asemeja a los apóstoles, en comunión de vida, entregados por entero al Padre y al Reino

La Misión no es una parte o dimensión más de la vida; tampoco es un adorno o algo de lo que se pueda prescindir. Como discípulos de Jesús, hemos sido marcados para iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar (cf. EG 273). Como Claret, hemos sido ungidos para anunciar la Buena Nueva a los pobres . Existimos para vivir la Misión en el corazón del Pueblo de Dios.

Como servidores de la Palabra, nos sentimos llamados a escrutar los signos de Dios en el mundo digital, a compartir nuestra experiencia del Evangelio con nuevos códigos comunicativos y a combatir los virus de la manipulación, la superficialidad y la despersonalización. ¡Qué revolución habría alentado Claret si hubiera dispuesto de las posibilidades que ofrecen hoy estas tecnologías! (cf. HAC 2j).

Nos sentimos llamados a abandonar nuestras zonas de confort y nuestra excesiva preocupación por nosotros mismos (cf. EG 2, 27), a impulsar la disposición de la Iglesia “en estado permanente de misión” (EG 25), a potenciar en ella nuestra “salida misionera” según nuestro carisma evangelizador, a superar cualquier tipo de acedia o mundanidad, y a crecer en disponibilidad misionera, inculturación, encarnación y apertura a la misión mundial de la Iglesia y la Congregación.

Llamados a tener un solo corazón, una sola alma y todo en común (cf. Hch 4, 32), lejos de pedir que cada uno de nosotros deje de ser él mismo, el Evangelio nos invita a desplegarnos en ese compartir para el que hemos sido creados: nuestro ser en común fortalece, enriquece y da hondura a nuestro ser personal. Somos yo porque estamos llamados a ser nosotros.

 

“RASGOS IDENTIFICADORES DE TODO CLARETIANO:
  • Profunda experiencia de Dios como Padre: vivencia de la filiación divina.
  • Configuración con Cristo ungido y enviado para salvar a los hombres.
  • Profundo sentido de la filiación mariana.
  • Estricta vida evangélica, siguiendo a Cristo pobre, virgen y obediente.
  • Vida de comunidad al estilo de los apóstoles.
  • Expresión ferviente de la caridad que une a Dios y celo apostólico por la salvación de los hombres.
  • Ministerio en fe, oración y amor a la Palabra escuchada y asimilada” (MCH 82-83).

 

Objetivo misionero:

Caminar, abrir fronteras de todo tipo –incluso las del pensamiento–, buscar caminos.

 

Objetivo respecto a la evangelización de las generaciones jóvenes y su preparación para responder a las llamadas de Dios:

Salir a su encuentro, caminar con ellas y posibilitar que escuchen las llamadas de Jesús.

Ser comunidad es un verbo y no solo un nombre. Es acción, es proceso. Es una gracia que hay que suplicar, cuidar y permitir crecer, no solo una conquista de nuestro esfuerzo… Ser comunidad es posible cuando acogemos la presencia del Padre y de la Madre que nos hermanan (cf. Aut 609), del único Maestro que nos hace discípulos y nos alegra con su Presencia y del amor del Espíritu que se derrama en nuestros corazones. Solo entonces nuestra misión se vuelve creíble (cf. Jn 17, 21).

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