Carta del Padre General

Congregación Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María

Queridos hermanos.

Les saludo con afecto y un abrazo fraterno. He estado pensando en escribirles este mensaje para comunicarles mi cercanía y preocupación por nuestra misión claretiana en Venezuela que atraviesa un momento difícil por lo que se refiere a la situación sociopolítica actual de ese amado país. Nos sentimos afectados por el sufrimiento de la gente. La presencia claretiana, a través de ustedes, nuestros hermanos, que están junto y en medio del pueblo, es un signo profético significativo. Apreciamos su coraje y perseverancia para seguir caminando con el pueblo en esta difícil situación. Me alegra saber que el Gobierno Provincial de Colombia – Venezuela está acompañando, con sumo cuidado y preocupación, a los hermanos y las misiones en esa parte de la Provincia.

Los tiempos difíciles son momentos especiales que testimonian nuestra fidelidad y autenticidad en el amor misionero. Hay lugares donde nuestros hermanos han elegido permanecer particularmente en tiempos muy difíciles, incluso sufriendo hambre y amenazas a la vida. Pienso, por ejemplo, en Zimbabwe durante el desastre económico de 2008, y en Basilan, Filipinas, donde durante años vivieron con la posibilidad de que en cualquier momento un misionero claretiano pudiese ser caer en una emboscada de los grupos radicales.

Confiamos en Dios que no quiere que su pueblo se desespere, sino que nos invita a sostenernos en la esperanza que brota de la fe en Él y en su amor. Me da una profunda alegría cuando sé que nuestros hermanos en Venezuela, a través de su presencia y apostolado, dan esperanza y fortaleza a la gente. Queridos hermanos, sigan así. Nos hacen sentir orgullosos de nuestro carisma y hacen que la definición de un misionero claretiano sea una realidad viva, “nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios…”.

En situaciones similares, algunos preguntan con desesperación: “¿hasta cuándo?”. Necesitamos llevar esta pregunta a nuestra oración como el salmista, y dejar que la fe y la esperanza nos sostengan. Dichas situaciones solo perduran mientras el pecado y la división tienen el poder sobre nosotros. Sabemos que las crisis sociopolíticas y las tragedias en la historia humana son etapas pasajeras. De manera similar, los seres humanos que tienen la oportunidad de crear un mundo mejor y fallan también son pasajeros; luego transfieren esa responsabilidad a otros. Nuestra tarea es proseguir con nuestras buenas obras y mantener encendido el fuego del amor y la bondad en nuestra misión. La Congregación se solidariza con ustedes a través de nuestras oraciones y otros gestos de comunión. Les invito a orar por la República del Congo y algunas partes de Nigeria y Filipinas donde también hoy se viven disturbios sociales. Con un cálido abrazo fraternal,


Mathew Vattamattam CMF

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